De cómo en una vecindad se escondía una obra de arte

by Benetton Blogger on: Diciembre 7th, 2011

Había una vez un pintor muy talentoso que no se consideraba pintor. Además, pensaba que estaba loco y que si la gente se enteraba, lo encerrarían en un manicomio. Entonces pintaba. Hacía retratos muy correctos y cuadros con paisajes, pero lo que verdaderamente quería pintar no era para su época y como le daba miedo que vieran sus pinturas y pensaran que estaba loco, pintaba en las paredes de sus estudio, a escondidas de todos.

A veces, limpiaba sus pinceles en las paredes. Y una mancha se volvía un pequeño paisaje o una bailarina con tutú. Y después otra mancha se volvía un caballo y así hasta que no quedó un espacio libre en ninguna de las paredes.

Después, como todos los hombres mortales, el pintor murió. Y pasó el tiempo y a todos se les fue olvidando y la casa donde vivió fue rentada por partes y así se convirtió en una vecindad, y como está en el centro de la Ciudad de México, en la zona de los comerciantes de telas, el estudio terminó como bodega llena de rollos de textiles desde el piso hasta el techo y las pinturas quedaron así ocultas de la vista. Hasta que, en los años 60’s, la ciudad recuperó lo que fuera el Antiguo Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya y lo convirtió en el Museo de la Ciudad de México.

Joaquín Clausell fue un famoso periodista, preso político y pintor, amigo de Emilio Zola y el Dr. Atl, su trabajo se inserta en la corriente del impresionismo y la mejor muestra del mismo se encuentra en las paredes de su estudio, en el Museo de la Ciudad, un espacio que recomendamos conocer. Está en Pino Suárez esquina con República del Salvador (entre el metro Zócalo y el metro Pino Suárez).

 
 

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